ISIS

Por laura boyer - 24 de Junio, 2007, 3:40, Categoría: General

Cuanto me gustaría escribir como el poeta,

Cuanto me gustaría vivir como el artista.

Sin ataduras, buscando siempre una musa.

En los cafés de Paris, y los márgenes del Nilo.

En las verdes lindes del gran río, por el que navegan tranquilos barcos de vela

cargados de cabras y de trigo.

¡Quién pudiera ser cabra para navegar por el Nilo,

De Luxor a Abu Simbel. Quién pudiera volver a estar otra vez tumbada en las orillas de Nilo!

Egipto tierra soñada y vivida en otra reencarnación. Tierra misteriosa y tantas veces violada y arrasada por ladrones y eruditos. Nadie ha sabido desentrañar tus verdaderos secretos.

En Alejandría nació la religión católica, madre de occidente. En el desierto se perdió la tradición egipcia, y el culto al gran dios, Ra, el sol. Y al imponente Osiris, dueño de la noche, marido e Isis, amante y amiga.

Isis la reencarnación de Estarté, la madre de Venus, abuela de Afrodita y bisabuela de María. La bella y bondadosa Isis. La única diosa que perdura en el inconsciente colectivo.

Tan compasiva y generosa que a nadie le aterroriza. Isis olvidada, vuelve a tus subditos, aparece en cualquier sitio, como la virgen María apareció en Lurdes. ¡Isis anteponte cuando un marido va a pegar a su esposa!

Aunque te entiendo, querida amiga ¿Quién quisiera bajar a codearse con los hombres y sus mezquindades cuando se vive entre los dioses en el Olimpo? Te imagino rodeada de parras, de flores y de faunos. Bañando en lagos de agua clara, entre cascadas.

¿Qué era Egipto al fin y al cabo? Una tierra de desierto y envidias. Con un río que crece y descrece, llevándose a los niños para alejarlos de sus madres. Tierra de hombres ambiciosos que desprecian a sus mujeres.

Y sin embargo Egipto es mucho más, y tú o sabes. Egipto no es musulmán, ni cristiano ni budista. Egipto tiene su propia historia, su propia religión, y su propia ley. La tradición y los monumentos son demasiado imponentes para obviarlos.

Egipto, tu tierra, nunca pertenecerá al mundo. El mundo pertenecerá siempre a Egipto. Comprendo que allí sufriste mucho, te esforzaste y sacrificaste mucho. Entiendo que lo pasas mejor ahora. Pero no olvides que no te olvidamos.

Entre tú y yo, Isis, a mí, la virgen María nunca me ha dicho nada. Y es que eso de que sea virgen y madre no lo entiendo. Mira que conozco mujeres con vidas originales, ¡pero ninguna tanto!

Fue de aquí para allá con un marido carpintero, en una tierra extremadamente árida donde no crecían ni árboles. Y con ese desolador porvenir, no quiso, muy sensato por su parte, tener hijos con su pobre marido.

Pero, como para fastidiar, se le apareció un ángel malvenido, y le anunció que iba a tener un hijo, de Dios, que entonces era Jehová. Pero el no-jodido hijo, aparte de fastidiar a su familia terrestre, decidió también cambiar el nombre a su padre biológico, que vivía en los cielos, como tú Isis, y llamarle Dios.

Dios, si de verdad la dejó embarazada pasó de ella olímpicamente. Y el único santo que la ayudó fue su bendito marido ¡que por uno bueno que hay, tampoco se aparece nunca!

Total, que los cristianos estamos cada vez más descreídos, y los moros, que hay muchos por Egipto, cada vez más creídos. Y ahora la guerra santa, la yihad, la hacen con bombas, cosa que tú desconoces, y yo afortunadamente también, porque aún no se ha popularizado.

Dentro de poco venderán copias de bombas en las jugueterías, como de espadas cuchillos o pistolas. De momento tampoco venden misiles, aunque si cañones, catapultas, arcos y flechas, y otras armas de las que no conozco ni el nombre

Ya ves como está el patio, y tú ahí en el cielo a la buena de Dios.¿Porqué no mandas a una profeta a la tierra, o algo así? ¿Un perro que hable, un dragón que escriba por Internet, un dibujo animado que se infiltre en el telediario?

Hemos luchado mucho las mujeres, hay muchas heroínas muertas en combate, y otras que nos sentimos muy desdichadas combatiendo solas. Parece que a menos que tú vengas, y lo expliques, nuestro esfuerzo habrá sido no inútil, y además incomprendido. Los hombres no entienden nuestros motivos.

Necesitan un  milagro, una guerra o una crisis económica para creer que el mudo está cambiando. Parece que nadie sé da por enterado de la razón por la de qué luchan las mujeres.

Hasta los terroristas tienen portavoz, y también sus victimas. Pero al grupo más extensamente despreciado de la tierra, no nos representa nadie. Desde luego la virgen María no, con todos mis respetos, no se ha preocupado de nosotras.

¿Por curiosidad, tú sabías que esto estaba así? ¿Te lo había contado alguien? Si no, quizás envíes a alguien a la tierra a salvarnos. Sinceramente, yo no me molestaría en venir a verlo yo misma. No merece la pena.

Los templos egipcios, griegos, romanos, indios, etc. Destruidos. Las grandes ciudades incendiadas o arrasadas. Las magníficas civilizaciones, los filósofos, sus ideas, y las promesas olvidadas.

Ya nadie quisiera vivir en este planeta, si tuviera elección. Esto se ha convertido en un infierno de calor, por culpa del cambio climático- pero esa es una historia muy larga que te contaré otro día-, de guerras y de artefactos.

Estos, a veces se llaman máquinas, otras ordenadores y otras armas. En realidad hay un nombre particular para cada invento o herramienta. Y hay más artefactos de esos que hombres en la tierra.

Las ciudades ya no son sitios donde se reúna a gente a parlamentar. Son sitios donde se juntan las máquinas para producir. Lo que producen lo convierten luego otras máquinas en dinero.

En mi casa, y a mí no me gustan nada las máquinas, hay teléfonos, telefonillo, ordenadores, impresora, televisores, videos, equipos de música, DVDs., cámara fotográfica, lavavajillas y lavadora.

Secadora, aparatos de aire acondicionado, lámparas, horno, placas vitrocerámicas, aspira humos, nevera, aspiradora, plancha, radio, juguetes electrónicos para niños, y paro de contar…

Quién pudiera explorar el espacio en busca de mejor vida. Igual un día te encuentran a tí, Isis, y te la fatidian. Así que si ves una nave, uno de los tipos que hay de máquinas, dile a Zeus, de mi parte, que la parta con un rayo.

 Díle, de mi parte, si le ves, que si muero y vuelvo a reencarnarme, quiero renacer en una estrella lejana con otra más natural de vivir, más pacifica y más fácil. Te lo pido también a Dios todopoderoso, llevamé a una playa, a una jungla, a una montaña.

Ruega por mí, Isis, y por las demás mujeres, que los hombres ya se encargan solos de cuidarse bien. Yo no quiero un Dios que aparezca en forma de matojo ardiendo. Ven en forma de charco de lluvia, Isis.

Yo necesito una diosa con la que atemorizar a mis futuros amantes, una diosa a la que adoren mis hijos, y de la que me vean como un reflejo. Yo quiero bañarme con mi familia en tu charco de agua clara.

No quiero que nos quememos en la hoguera del Señor. Isis, hay gente que pide a Dios que se acuerde de ellos, sus hijos. Yo nunca me he sentido hija de un dios, tan extravagante, que tiene hijos con vírgenes.

A mí eso me parece demasiado paradójico para un Dios creador que ha dado al hombre y a la mujer el don de procrear. Mi padre mortal ya es suficientemente raro como para desear uno más maniático aún.

Quizás el Olimpo no sea mucho mejor que esto, y esté plagado de chalados. Por lo que recuerdo de la mitología, los dioses estaban todos bastante locos. O quizás no exista más Dios que él dinero. Entonces espero que tú estés entre los santos.

Intentaré invocarte e inspirarme en ti, como madre y esposa. Sí un alma humana ha inventado una historia tan compleja como son las religiones,  y capaz de hacérsela creer a medio mundo, ese hombre debió de ser sino divino, o un auténtico genio.

Yo nací en un país católico, siempre he vivido entre creyentes,  y siempre he sentido la autentica piedad hacia Jesús, hacia la virgen, y hacia tí, Isis, Astarté, la madre, la tierra.

No es necesario creer en un ser divino para sentir compasión.

Yo siento conmiseración hacia los hombres. Cada vez que nos damos la mano en la iglesia, compartimos la misericordia por los muertos y los santos. Nunca fui católica pero siempre sentí el enorme peso del sufrimiento de los hombres sobre mi espalda.

Yo siento piedad de la maltratada tierra y de los humildes animales. Son como los niños. Tan indefensos como una mujer al punto de ser abofeteada. Siento piedad del pobre y del hambriento. También del perro abandonado.

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